El secuestro de la bibliotecaria, de Margaret Mahy
La bella bibliotecaria Miriam había salido a pasear por el bosque, después de haber ido a visitar a los hijos de su mejor amiga, que tenían el sarampión. En el bosque, el bandido jefe Adrián, con su secuaz, el feroz Jaime, la secuestraron, sin saber que al hacerlo se exponían al contagio de la enfermedad. El pueblo se quedó sin bibliotecaria, y, por tanto, sin biblioteca, (ya que las llaves las tenía ella). El Ayuntamiento leyó la carta pidiendo un rescate, pero, aunque entendían lo urgente de la situación, no había fondos para emergencias y el asunto se aplazó hasta el siguiente pleno. Los bandidos se enfermaron. Miriam, la bella bibliotecaria, ofreció llegarse hasta la biblioteca para retirar en préstamo un tomo de medicina familiar. Así lo hizo. Cuidó a los bandidos hasta que se curaron y entonces ellos, agradecidos, la liberaron. Durante la convalecencia, se acostumbraron a que les leyeran cuentos, así es que al despedir a la bella bibliotecaria, no sólo a ella la echaron de menos, sino también a sus historias. Adrián, el bandido jefe, arriesgando su pellejo, decidió aventurarse a llegar hasta la biblioteca para pedir libros que leer a sus secuaces, pero la mala suerte quiso que le viese el aguerrido policía Héctor, que le persiguió sin tregua. Pidiendo ayuda a Miriam, Adrián fue correctamente tejuelado y colocado en una estantería, de manera que cuando Héctor solicitó llevárselo, le fue requerido el carnet de usuario. Puesto que no lo llevaba en su cartera, se quedó sin préstamo. El policía decidió irse a buscar el carnet a su casa y regresar más tarde, pero olvidó reservar el ejemplar de Adrián que había ido a retirar, así es que cuando volvió se encontró con que ya estaba prestado. La bella Miriam, para protegerle, lo había cogido ella misma con su carnet y haría uso de la renovación indefinidamente. Un buen día, mientras la bibliotecaria colocaba libros, hubo un terremoto que hizo volcarse las estanterías sobre la pobre Miriam, que quedó sepultada bajo el peso de la literatura. Al momento aparecieron los bandidos, Adrián y Jaime, para rescatarla de entre los libros. Al poco también llegó el policía Héctor, para prestar su ayuda; viendo éste que los bandidos habían salvado a la bella bibliotecaria, les perdonó sus delitos si prometían rehabilitarse, y ellos así lo hicieron. Se ofrecieron para trabajar como bibliotecarios-no bandidos y se centraron en crear la sección de pequeteca, en la que todos los días contarían cuentos a los más pequeños. Entretanto, el ex-bandido Adrián pidió en matrimonio la mano de la bella bibliotecaria Miriam y ésta, por supuesto, aceptó, pues ya se le habían acabado los plazos de renovación y sólo casándose podría seguir teniendo a Adrián junto a ella. Y colorín colorado, esta historia se ha acabado